Las cadenas que un día descubrí – Historia
Un día estaba al pie de la montaña, de mi montaña.
Había tanta niebla que no podía ver hacia arriba, estaba acompañada por sabios y consejeros que me aseguraban que ella no era tan alta que habían unas cosas que conocer de ella sin embargo no era nada diferente de cómo lo contaban sus historias.
Yo lo aceptaba ¿porque dudar de mis leales compañeros de vida?
Un día como cualquier otro una voz desde lo alto me susurraba en secreto, y me decía que lo que él veía desde allí donde estaba no era como lo describían quienes me amaban, noche tras noche dedicaba unos minutos a escuchar sus historias sobre lo hermosa que era mi montaña desde las alturas.
De repente sentí un peso mire hacia abajo y pude ver los grilletes que mi cuerpo llevaba desde hace mucho tiempo, mis seres más queridos por miedo a perderme cortaron mis alas y me anclaron a su misma distancia, un amor tan grande con miedo a perder.
Mientras esa voz me hizo entender que podía ser libre si lo deseaba, y lo desee tan fuerte que sus oídos me escucharon, su corazón me sintió, y sus brazos me tomaron hasta llevarme a su lado después de la neblina, sin importar lo que pudiese dejar atrás.
Me mostró las flores, el paisaje, las aves, el cielo, los olores, los sabores me enseñó a enamorarme de mi montaña la que era mía y no conocía; a su vez me mostró desde lejos su propia montaña y contaba historias de sus aventuras en ella y lo maravilloso que sería compartirlas juntos desde mi montaña, me enamoré de mí, de mi montaña, de la suya y de él.
Así como si nada llegó un día me miro y dijo: » debo regresar a mi montaña, tengo responsabilidades, mis ovejas están padeciendo y me necesitan; te prometo que volveré, porque no te dejare escalar sin mí a tu lado para cuidarte siempre, espérame”
Esperanzada lo espere, día tras día, momento tras momento, noche tras noche, cuando decidía levantarme y continuar llegaba un mensaje volando «aguanta”, «ten fe “, » no pierdas la esperanza”, «tu ganaras», y volvía a sentarme a esperar…
Desde mi montaña lo admiraba, feliz, su mirada, su sonrisa y mi alma gritaba «si vale la pena».
Después de tormentas, lluvias, neblinas, llegó un mensaje…
El mensaje decía: no me esperes más, cometí un error al prometer cosas que yo no podía cumplir, aunque es lo que más deseo y lo que revelan mis sueños con constancia, mi deber es con mis responsabilidades, y no puedo dejarlas, debido a que les debo lo que soy
Aún con el corazón roto, entendí el mensaje y comprendí la situación, a que el amor es libre, el amor acepta , el amor solo busca la felicidad, para mí mientras él tuviera paz y tranquilidad era suficiente; y ahora me tocaba a mí seguir adelante sola.
¿Qué pasaba que no podía? Me levantaba y me caía, me arrastraba no tenía fuerzas suficientes para seguir, ¿Porque?
Me di cuenta que había pasado tanto tiempo que tenía cadenas nuevas en mis manos y aún peor me enamoré de ellas; no quería soltarlas eran mías, eran lo que representaban mi liberación anterior, mis nuevos sueños, el conocimiento de mí misma, de mi montaña.
Sentía dolor de solo pensar el soltarme de ellas, miedo tanto miedo que me hacía arrepentirme de conocer más allá de lo que mis sabios me advertían.
Un día como cualquier otro, mis ojos quisieron ver hacia su montaña, pero ya no había admiración en ellos, ahora había tristeza de ver que la persona que me hizo conocerme a mí y ser valiente , contaba en este momento con infinidades de miedos en su interior, que era infeliz, y peor aún no hacía nada para salir de allí.
Yo pensaba ¿porque? Si yo lo hubiera ayudado a salir de allí.
Hasta que entendí que nadie es responsable de la felicidad de nadie, tu felicidad está en tu interior.
Y aún que sé que yo podía acompañarlo a ser feliz no era mi obligación ni mi deber hacerlo; esto me causo decepción y tristezas pero entendí que en nuestros sueños debe haber siempre un poco de realidad.
Le envié una nota en la que agradecía todas sus enseñanzas, sus palabras en la que le decía todo lo que sentía por él, que ya era tiempo de seguir adelante sola, con infinidades de miedos con ganas de correr a sus brazos y no soltarlo jamás con dudas, solté las cadenas que me herían más de lo que protegían, me levanté de mi asiento con lágrimas en los ojos por dejar atrás los sentimientos y emociones más hermosos que había vivido, y seguí escalando esperanzada en que mi vida apenas comenzaba…

























